Era una tarde lluviosa aquella en la que nacieron dos
preciosos gemelos, Gabriel y Maria.
Eran realmente adorables.
Fueron creciendo poco a poco, entre risas, juegos y
canciones.
La suerte les sonreía.
Pero un día por capricho del destino, sus padres empezaron a
distanciarse.
La alegría fue desapareciendo.
Poco a poco las peleas se hacían mas intensas e hirientes.
Incluso ellos con tan solo cinco Septiembres, sabían que
algo iba a cambiar.
Una noche, León, su padre, harto de peleas decidió
marcharse, pero no quería hacerlo solo.
Así que entro con
mucho sigilo en la habitación de los gemelos y con cuidado, cogió a Maria entre
sus brazos y escapo bajo el suave manto de la noche...
A la mañana siguiente cuando su madre despertó, encontró un
sobre bajo si almohada.
Guardaba un mensaje de León:
``Querida Alicia:
Hace tiempo, nuestro amor perdió la chispa. Por eso he
decidido no forzar las cosas y marcharme muy lejos.
He dejado los papeles del divorcio encima de la mesita de café
junto con un sobre con la dirección del juzgado. Espero que hagas lo correcto y
me dejes libre.
Maria viene conmigo en mi viaje, espero que comprendas que
aun necesito alguna razón para visitarte.
Pero, aun así, no me busques, así, es mejor para todos.
Con cariño.
León.´´
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